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Optimizar la potencia se entiende por el proceso de analizar y contratar un cambio de potencia de un suministro eléctrico, a la potencia que realmente estás demandando, ya que en muchos casos puedes tener contratada en exceso de la que necesitas, pagando ésta innecesariamente. Preparación de clases y material, corrección de ejercicios exámenes, reuniones de evaluación, claustros u otras reuniones técnicas, autoformación y/ formación a través de cursos y, si el Centro acoge las iniciativas propuestas por la Administración para ser Centro Bilingüe Centro TIC, para participar en múltiples proyectos preventivos de educación -Escuela de paz, Coeducación u otras utopías educativas- el tiempo y el trabajo dedicado al Centro se dispara exponencialmente.

Aunque esto no sería nada bueno, ni para la función que tienen que cumplir los Centros de enseñanza ni para nadie, que se prodigase aún más una reacción que ya se viene manifestando, si comparamos con tiempos pasados, tanto entre el alumnado como entre el profesorado: la de estar deseando salir del Instituto rumbo al refugio que supone la pequeña esfera privada, nuestras aficiones intereses particulares.

No debería ser de otro modo si a la escuela se le asignan cada vez más funciones y en ella se depositan tantas esperanzas, y por otro lado, se constata el fracaso y la impotencia de todo el sistema educativo para hacer frente a unas mínimas exigencias de calidad en la enseñanza -no a la que se refieren los políticos, sino de la otra, la de siempre.

Sin embargo, esta pretendida contribución a mejorar la imagen del profesorado de cara afuera -algo que ni siquiera es necesario, sobre todo para aquellos que sean conocedores de la realidad educativa, como lo son muchos padres- contrasta drásticamente con la impresión que dejan el tipo de medidas que venimos comentando en las personas que trabajan directamente cada día en la enseñanza.

Es decir a aumentado el periodo de enseñanza obligatoria con el empeño de un desarrollo curricular homogéneo e improcedente en los casos difíciles de estas edades adolescentes incrementándose los problemas de que hablamos y que yo ya conocí en las segundas etapas de E.G.B. cuando trabajé en ellas como maestro de primaria (también estuve en Compensatoria).



Creo que la práctica, digamos clásica (generalista y tutorial), del maestro es más recomendable para el alumnado con dificultades del que hablamos en TODA la ESO 1 y 2 (12 - 16 años) y que la práctica, digamos clásica (especialista centrada en la materia), del profesor de instituto es viable cuando no se dan problemas que impiden el normal desarrollo de las clases, pero no cuando se entran en dinámicas de clases imposibles como aquí se han citado.

Que se haya decidido desplazar la segunda etapa de EGB, físicamente sin más, a los institutos, para mí, es poco relevante, no aporta mayores cambios que puedan mejorar los problemas que aquí citamos, entre los que destaco qué hacer con alumnado adolescente en edad académica obligatoria que NO quiere NO puede avanzar en su aprendizaje normalmente y en su medio académico correspondiente por edad.

Algo parecido pasó con los antiguos bachilleres elementales ante el nacimiento de la segunda etapa de EGB que absorbió como obligatorio parte del alumnado que antes iba, unos a los antiguos bachilleres elementales, otros a los centros de FP y otros al mercado laboral como aprendices de taller que entonces facilitaba la ocupación ( y aprendizaje ¡¡) de muchos adolescentes de 14 y 15 años.

Pienso que la ESO no funciona en buena medida como etapa única y que la administración educativa ha podido cambiar tinta en algunas leyes pero sin gastar un duro en nuevas estructuras académicas que, como la ESO, 1 y 2, si fuera homogénea y con sentido de unidad, estaría atendida por la misma plantilla docente, en las mismas condiciones materiales y humanas, con los mismos recursos y dotaciones.

Es evidente que quienes escriben esto, pocas tablas tienen, pues no es lo mismo trabajar con 15 alumnos, que con 35, por ejemplo en la Eso, a la hora de hacer correcciones, atender preguntas que se adapten a los distintos ritmos de aprendizaje, máxime considerando la heterogeneidad actual, y las enormes diferencias de nivel que se dan en cualquier clase, alumnos que tienen niveles de competencia curricular que no superan 2º de primaria, en 2º de eso.

Habría que limitar al máximo, el nº de especialistas que inciden sobre clases de infantil y primaria,(como mucho ingles, si tutora no sabe), y reforzar la función tutorial de todos los docentes que trabajen en estas 2 etapas, no mediante reuniones con orientadores, sino estando el mayor nº de horas con la clase, por la importancia de la continuidad y seguimiento.

Si no podéis contar con un sindicato de cierta envergadura para poder entrar por la puerta grande y tantear el apoyo real en todos los IES en una muestra válida estadísticamente, creo que tendríais que formar un nuevo sindicato para hacerlo (los sindicatos existentes pueden estar infiltrados con políticos y pedagogos interesados en que no haya movidas).

El sistema educativo público NO prescinde de su alumnado, sea cual fuere, es un servicio público… además de educativo, libre y gratuito, al alcance de todos ya que a su sostenimiento contribuimos todos, lo usemos no. Quiénes no lo usan no están libres de su contribución, del mismo modo que tienen médico tienen maestro, si deciden no utilizar el servicio pueden pagar otro pero será por propia voluntad y poder adquisitivo.

Yo añadiría cuestiones estructurales que reconozco de notable dificultad en cuanto a su implantación, como por ejemplo la supresión de conciertos educativos con centros privados, la implantación del cuerpo único docente en los periodos escolares obligatorios y el control institucional sobre prácticas clasistas en diversos tipos de centros que bajo prácticas socialmente consentidas encubren notables núcleos de discriminaciones diversas.

Quiero expresar mi agradecimiento a esos padres anónimos, intitulados muchos de ellos, que después de una jornada agotadora, intentan sacar tiempo, para estar, jugar con sus hijos, incluso organizando partidillos de deportes varios, invitando a jugar, intentando y consiguiendo pacientemente que acepten normas, esos niños que andan por la calle, apedreando coches, balcones, personas, pinchando ruedas, desde los 7 años.